Otra noche más de llantos sofocados, ahogados baja la palma de mis manos. Otra noche más de completa soledad, de absoluto abandono. Y es que hoy he recapitulado mi vida, he hecho balance de mi situación, y lo que he visto me ha asustado, me ha agobiado, me ha hecho llorar: estoy sola, cada vez más.
Con mi actitud egoísta he logrado ir alejando una a una a todas aquellas personas significativas en mi vida, a quienes daban un sentido a mi existencia. Ahora puede que ya sea tarde para lamentaciones, pues la única culpable he sido yo, pues la única responsable es esta triste y vulgar escritora. ,,Nunca es demasiado tarde", dirían los optimistas. Mas hace falta fuerza y coraje para emprender tan ardua lucha como es enmendar los errores. Ahora mismo yo carezco de toda fuerza o voluntad; soy un ser débil, frágil. Contemplo mi vida pasar cual espectador de cine, siendo protagonista de una burda tragedia. Lacónicamente miro dicha proyección. No queda vida en mi mirada, no queda ilusión en mi ser. ¿Qué me queda?, me pregunto. Temo la ya sabida respueta: vacío.
Otra vez este puto vacío inllenable que parece no querer alejarse de mí, que me martiriza día y noche, que me confunde y aturde, que me hunde. Un pesado vacío. Un extenuante vacío. Un dramático vacío. Un horrible vacío. Un repulsivo vacío. Simplemente, un vacío.

