lunes, 9 de junio de 2014

OJALÁ.


La noche llegó con su negro y estrellado manto, con su oscuro encanto. Y yo cedí, embelesada, hechizada, bajo su triste nostalgia.

Recuerdos de un pasado no tan pasado, de un presente que ya no es presente, de un futuro que quién sabe si será futuro. Recuerdos al cabo.

En la penumbra escondida, tabaco: triste compañía. Y en mi mente un nuevo ojalá.

¿Qué ha cambiado?, me pregunto, me torturo, me derrumbo. ¿Fui yo? ¿Fuiste tú? ¿Fue el tiempo? Tortuosos enigmas.

Solo sé que tú te alejas, que te vas, que me dejas. Pero, ¿sabes?, aún espero otro milagro, el mayor de los milagros: nuestro reencuentro.


domingo, 8 de diciembre de 2013

ALONE.


Hoy sangro poesía, derramo versos, goteo palabras.
Hoy este cristal vuelto pluma recorre mis venas.
Ahogo en la hiel que desprende mi piel las penas.
Mas cuanto más aprieto, más brotan enajenadas
las reflexiones de mi alma.

A cuchilladas pincelo este lienzo, mi cuerpo.
No duele, no hiere; suaves cosquillas recorren
cada centímetro de mi obra. Dejo que borren
el dolor que anida dentro de este ser ya muerto,
de este todo vuelto nada.

Con pulso firme tallo cinco letras macabras
en idioma no nativo, mas sí conocido. Leo:
Soledad. La que abraza hasta asfixiar. Y veo
la incomprensión en sus rostros, sus miradas
asustadas. Fachada.

¿A quién le importa si destrozo lo poco no roto?
¿Morirás por verme morir? ¿Sufrirás como yo sufrí?
Deja ya marchar a la otra vida a esta pobre infeliz,
quien ha vivido demasiado. Nota como yo noto
la prisa vuelta calma.




martes, 12 de noviembre de 2013

¿PARA QUÉ VIVIR SI HAY QUE MORIR?


Y aquí estoy, un día más, sumergida en este valle de lágrimas. Hoy he destapado ese baúl, el que alberga mis recuerdos, mis sentimientos, mis lamentos. Se han desperdigado  todos y no los logro re-encerrar. Por lo que no me queda más que recordar: lágrimas, agonía, temor y oscuridad. Descripción exacta de mi alma.


















Un día fui feliz, sí. Tan lejano se me antoja aquel momento, tan vasto mi sufrimiento. Todo por cavilar. ¿Qué es la vida?, no puedo evitarme preguntar. ¿Para qué vivir si hay que morir?, es cuanto puedo razonar.



Puede que muera hoy, quizá mañana. Quién sabe y qué más da. Más tarde o más pronto llegará el final, el descanso eterno, el tan ansiado desaparecer. ¿Forzarlo o esperarlo?


Ya no rezo, ya no pido, ya no espero y ya no exijo. Solo espero, impaciente, el momento de mi muerte.

domingo, 10 de noviembre de 2013

TE NECESITO.


Otra vez domingo. Día de recuerdos, de nostalgia, de tristeza y desesperanza. Me dejo embriagar de su esencia; ésta se adueña de mi ser. Mi alma en silencio llora. Mi corazón le acompaña. Tu recuerdo puebla mi mente. Te busco a mi lado: no estás. De mi lacrimal una lágrima brota, solitaria, temeraria. Recuerdo:


“Me siento frágil, tengo ganas de llorar. Necesito compañía. Estamos solos tú y yo, en tu habitación. Somos simples conocidos, ni siquiera llegamos a amigos. Cojo mi móvil, tecleo un mensaje:


— ¿Me puedes hacer un favor?


En seguida llega tu respuesta:


— Dime, ¿qué puedo hacer por ti?


— Necesito un abrazo —respondo con miedo a tu reacción.


Entonces vienes, me tomas de la mano, me levantas de la cama y, sin más, me abrazas.”


Aquel abrazo fue especial, fue único. Me llenó como nunca nadie antes había logrado llenarme. Tus brazos apretaban con fuerza mi espalda, mi cabeza reposaba sobre tu pecho. Me sentí pequeña, frágil, pero protegida. En aquel momento supe que eras y serías tú quien habría de acompañarme en este viaje llamado “vida”.


Suspiro. Quisiera guardar por siempre ese momento en mi memoria, tenerlo siempre presente. Pero los problemas lo desplazan, el malestar.


Cuando me quiero dar cuenta, mi rostro está poblado de pequeñas gotas cristalinas, húmedas y cálidas. Es un llanto silencioso, que nadie puede escuchar. Me abrazo a mí misma a falta de otros brazos que me puedan rodear. No es lo mismo. Claro que no es lo mismo. No se acerca ni de lejos al calor de tus abrazos, a la protección que éstos ofrecen, al amor que ellos desprenden.





¿Dónde estás?, me pregunto. Ven, te necesito.

martes, 11 de junio de 2013

VACÍO.



Otra noche más de llantos sofocados, ahogados baja la palma de mis manos. Otra noche más de completa soledad, de absoluto abandono. Y es que hoy he recapitulado mi vida, he hecho balance de mi situación, y lo que he visto me ha asustado, me ha agobiado, me ha hecho llorar: estoy sola, cada vez más.



Con mi actitud egoísta he logrado ir alejando una a una a todas aquellas personas significativas en mi vida, a quienes daban un sentido a mi existencia. Ahora puede que ya sea tarde para lamentaciones, pues la única culpable he sido yo, pues la única responsable es esta triste y vulgar escritora. ,,Nunca es demasiado tarde", dirían los optimistas. Mas hace falta fuerza y coraje para emprender tan ardua lucha como es enmendar los errores. Ahora mismo yo carezco de toda fuerza o voluntad; soy un ser débil, frágil. Contemplo mi vida pasar cual espectador de cine, siendo protagonista de una burda tragedia. Lacónicamente miro dicha proyección. No queda vida en mi mirada, no queda ilusión en mi ser. ¿Qué me queda?, me pregunto. Temo la ya sabida respueta: vacío.



Otra vez este puto vacío inllenable que parece no querer alejarse de mí, que me martiriza día y noche, que me confunde y aturde, que me hunde. Un pesado vacío. Un extenuante vacío. Un dramático vacío. Un horrible vacío. Un repulsivo vacío. Simplemente, un vacío.




domingo, 2 de junio de 2013

SUPERVIVIENTE.


Está sentada delante de una pantalla. Siente cómo la desidia crece en su interior. No tiene ganas de nada hoy. Sus sentimientos son confusos y contradictorios: pena y esperanza, cansancio y fuerza, nostalgia y furia, soledad y cariño. Quisiera llorar, pero no puede; ya ha derramado hasta la última lágrima. Sus brazos lloran por ella, y no precisamente agua. Su semblante permanece serio; no se puede permitir mostrar lo que siente. Luego tendría que dar explicaciones. Ella odia dar explicaciones. Además, ¿cómo explicar esa miseria que la come por dentro? ¿Cómo hacer comprender el por qué de su muerte en vida? ¿Cómo encontrar palabras que describan su situación? No desea perder el tiempo en tan inútil búsqueda.


El reloj marca las 6. Otra tarde camino a ser desperdiciada. Aún está a tiempo de que esto no sea así, mas no hará nada -como ya dije, no tiene ganas-. Mira por la ventana: el sol y su promesa de calma. Mientras, en su interior, se avecina tempestad. Suspira. Está cansada. Su castigado cuerpo se vuelve pesado, casi tanto como su pena. Se levanta. Camina sin rumbo de una esquina a otra de la habitación. Abre la puerta y sale al corredor. Allí se encuentra cara a cara con su mayor enemigo, aquel a quien tanto teme, aquel a quien tanto odia, aquel que tanto le hiere: el espejo. Da un par de pasos más y se detiene. Contempla su reflejo. Asco. Recorre palmo a palmo su abultado vientre. Lo golpea. Trata de contener su ira. Cierra las ojos y regresa a su silla. Coge su diario y escribe: ‘Hoy he sobrevivido un día más.’.



viernes, 31 de mayo de 2013

¿QUIÉN DOMINARÁ ESTA VEZ?


Hoy no escribo desde la tristeza que embarga mi alma, sino desde el calor bajo el cual me arropas. Hoy soy capaz de superar el miedo, la pena, la locura; todo por estar entre tus brazos. Hoy no soy ese ser débil y frágil, no. Hoy me invade la fuerza que me transmites, el bienestar que me creas, la pasión en que me enredas. Hoy, y solo hoy, sonrío cargada de gratos recuerdos.


Mi corazón late al ritmo de tu respiración, mi pulso se agita a la par que aumenta mi excitación. Somos dos cuerpos que se unen en uno, somos dos seres nacidos para estar juntos.


Me asomo a tus ojos. Veo reflejado mi rostro: una imagen distorsionada de una mal configurada faz. Ese brillo en tus pupilas. Un leve rubor en mis mejillas. ¿Qué viste en mí?, me pregunto. Tiemblo. ¿Y si algún día se ve curada tu ceguera? ¿Y si algún día me ves realmente tal cual soy? Pero tú acallas mis temores.


Caricias recorren mi cuerpo, mientras mi vello se estremece. Noto contra mi piel tus huesos, y pienso: ¿cómo puedes ser tan perfecto? Contemplo tu rostro: belleza. Aspiro tu perfume. Recorro con mis labios tu cuello, sin prisa, con ansia. Y de nuevo sonrío, con el pensamiento volando en torno a una única cuestión: ¿quién dominará esta vez?




jueves, 23 de mayo de 2013

A SOLAS CON LA SOLEDAD.



“La tarde era clara y soleada. Una ligera brisa azotaba el césped. Decenas de jóvenes disfrutaban del agradable tiempo en animada tertulia o plácido descanso. Risas, bromas, cotilleos; ruidos varios. Una sonrisa pintada en cada rostro. Menos en el de ella.


Ella era la típica chica que nunca reía, que nunca bromeaba, que nunca había conocido la felicidad. Por eso estaba sola. A los demás les daba miedo acercarse. Y ella se alegraba de que así fuera, pues no quería tener que entablar conversación con semejantes seres.


Pero aquel día fue diferente. Aquel día, alguien rompió la barrera que ella misma había creado entorno a sí y se le acercó.


— Hola, ¿qué haces tan sola? ¿No prefieres venir con nosotros y echar unos tragos? —dijo señalando hacia un pequeño grupo de personas—. Parecemos un poco yonquis, pero somos buena gente, de veras.


La muchacha le miró con ojos de incredulidad, sin articular respuesta.


— Mi nombre es Raúl —insistió él—, ¿y el tuyo?”




La chica de la mirada triste vuelve al presente poco a poco, deleitándose aún con el recuerdo de aquel primer contacto humano. Raúl. ¡Qué persona! Él había sido capaz de mirar más allá que el resto y ver lo bueno que anidaba tras esa fachada de desprecio. Es más, él había sido capaz de revivir sus ganas de vivir, de enseñarle que la vida no solo es un valle de lágrimas, sino también de goce -¡y de qué manera se lo había mostrado!-. Ella sentía por él algo más que agradecimiento; estaba profundamente enamorada. El amor, ese sentimiento que ella creyó que jamás podría experimentar. Tan intenso, tan vehemente. Y todo gracias a un simple gesto de acercamiento por parte del muchacho. Algo tan sencillo y tan humano como un “hola”.



¿Moraleja?: Puede que quien abraza la soledad es porque nunca ha conocido el contacto de otros brazos. Tiéndele los tuyos, dale la opción de elegir.

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿ES MI DESTINO EL FRACASO?


Hoy las dudas me atormentan, una vez más. Me pierdo en un entramado de caminos y no acierto cuál tomar. El futuro se cierne oscuro, el presente avanza incierto y yo...yo suspiro. ¿Acaso no cesará nunca esta profunda desazón? ¿Acaso es mi destino el padecimiento, la incertidumbre, la sinuosidad a cada paso?


Si vuelvo la vista atrás, veo un trazado zigzagueante, errante. Es el recuerdo de un avance plagado de idas y venidas, de retrocesos y tropiezos, de baches y callejones sin salida. Y si miro hacia delante, no veo nada. Una vasta niebla nubla mi visión. Lo que tenga preparado el Destino para mí será una sorpresa. Y pocas veces las sorpresas son gratas.




Yo, mientras tanto, sigo detenida en el tiempo, tratando de atisbar el camino correcto. Pero, ¿acaso éste existe? ¿O me aguarda sí o sí el error?

martes, 21 de mayo de 2013

¡MALDITA ESPERA!


Me encuentro en esta prisión exenta de barrotes, oxidada en su metálica red de pesadillas, exigua del aire que trae la calma. No tiene principio, no tiene final; es una trampa diseñada para que no pueda escapar.

Trato de gritar, pero nota ninguna sale de mi garganta. Trato de correr, pero paso ninguno dan mis entumecidos pies. Trato de llorar, pero lágrima ninguna recorre mis mejillas. Ahí me quedo, carente de voluntad, náufrago del Destino, títere de la Suerte, muñeco inerte.

De pronto una luz. ¿Es ya el momento?, me pregunto. ¿Ha llegado la hora de partir?

La luz se apaga. Falsa alarma. Tenue aviso de un ya sabido final. ¿Y ahora qué? Ahora lo de siempre: a esperar.