viernes, 31 de mayo de 2013

¿QUIÉN DOMINARÁ ESTA VEZ?


Hoy no escribo desde la tristeza que embarga mi alma, sino desde el calor bajo el cual me arropas. Hoy soy capaz de superar el miedo, la pena, la locura; todo por estar entre tus brazos. Hoy no soy ese ser débil y frágil, no. Hoy me invade la fuerza que me transmites, el bienestar que me creas, la pasión en que me enredas. Hoy, y solo hoy, sonrío cargada de gratos recuerdos.


Mi corazón late al ritmo de tu respiración, mi pulso se agita a la par que aumenta mi excitación. Somos dos cuerpos que se unen en uno, somos dos seres nacidos para estar juntos.


Me asomo a tus ojos. Veo reflejado mi rostro: una imagen distorsionada de una mal configurada faz. Ese brillo en tus pupilas. Un leve rubor en mis mejillas. ¿Qué viste en mí?, me pregunto. Tiemblo. ¿Y si algún día se ve curada tu ceguera? ¿Y si algún día me ves realmente tal cual soy? Pero tú acallas mis temores.


Caricias recorren mi cuerpo, mientras mi vello se estremece. Noto contra mi piel tus huesos, y pienso: ¿cómo puedes ser tan perfecto? Contemplo tu rostro: belleza. Aspiro tu perfume. Recorro con mis labios tu cuello, sin prisa, con ansia. Y de nuevo sonrío, con el pensamiento volando en torno a una única cuestión: ¿quién dominará esta vez?




jueves, 23 de mayo de 2013

A SOLAS CON LA SOLEDAD.



“La tarde era clara y soleada. Una ligera brisa azotaba el césped. Decenas de jóvenes disfrutaban del agradable tiempo en animada tertulia o plácido descanso. Risas, bromas, cotilleos; ruidos varios. Una sonrisa pintada en cada rostro. Menos en el de ella.


Ella era la típica chica que nunca reía, que nunca bromeaba, que nunca había conocido la felicidad. Por eso estaba sola. A los demás les daba miedo acercarse. Y ella se alegraba de que así fuera, pues no quería tener que entablar conversación con semejantes seres.


Pero aquel día fue diferente. Aquel día, alguien rompió la barrera que ella misma había creado entorno a sí y se le acercó.


— Hola, ¿qué haces tan sola? ¿No prefieres venir con nosotros y echar unos tragos? —dijo señalando hacia un pequeño grupo de personas—. Parecemos un poco yonquis, pero somos buena gente, de veras.


La muchacha le miró con ojos de incredulidad, sin articular respuesta.


— Mi nombre es Raúl —insistió él—, ¿y el tuyo?”




La chica de la mirada triste vuelve al presente poco a poco, deleitándose aún con el recuerdo de aquel primer contacto humano. Raúl. ¡Qué persona! Él había sido capaz de mirar más allá que el resto y ver lo bueno que anidaba tras esa fachada de desprecio. Es más, él había sido capaz de revivir sus ganas de vivir, de enseñarle que la vida no solo es un valle de lágrimas, sino también de goce -¡y de qué manera se lo había mostrado!-. Ella sentía por él algo más que agradecimiento; estaba profundamente enamorada. El amor, ese sentimiento que ella creyó que jamás podría experimentar. Tan intenso, tan vehemente. Y todo gracias a un simple gesto de acercamiento por parte del muchacho. Algo tan sencillo y tan humano como un “hola”.



¿Moraleja?: Puede que quien abraza la soledad es porque nunca ha conocido el contacto de otros brazos. Tiéndele los tuyos, dale la opción de elegir.

miércoles, 22 de mayo de 2013

¿ES MI DESTINO EL FRACASO?


Hoy las dudas me atormentan, una vez más. Me pierdo en un entramado de caminos y no acierto cuál tomar. El futuro se cierne oscuro, el presente avanza incierto y yo...yo suspiro. ¿Acaso no cesará nunca esta profunda desazón? ¿Acaso es mi destino el padecimiento, la incertidumbre, la sinuosidad a cada paso?


Si vuelvo la vista atrás, veo un trazado zigzagueante, errante. Es el recuerdo de un avance plagado de idas y venidas, de retrocesos y tropiezos, de baches y callejones sin salida. Y si miro hacia delante, no veo nada. Una vasta niebla nubla mi visión. Lo que tenga preparado el Destino para mí será una sorpresa. Y pocas veces las sorpresas son gratas.




Yo, mientras tanto, sigo detenida en el tiempo, tratando de atisbar el camino correcto. Pero, ¿acaso éste existe? ¿O me aguarda sí o sí el error?

martes, 21 de mayo de 2013

¡MALDITA ESPERA!


Me encuentro en esta prisión exenta de barrotes, oxidada en su metálica red de pesadillas, exigua del aire que trae la calma. No tiene principio, no tiene final; es una trampa diseñada para que no pueda escapar.

Trato de gritar, pero nota ninguna sale de mi garganta. Trato de correr, pero paso ninguno dan mis entumecidos pies. Trato de llorar, pero lágrima ninguna recorre mis mejillas. Ahí me quedo, carente de voluntad, náufrago del Destino, títere de la Suerte, muñeco inerte.

De pronto una luz. ¿Es ya el momento?, me pregunto. ¿Ha llegado la hora de partir?

La luz se apaga. Falsa alarma. Tenue aviso de un ya sabido final. ¿Y ahora qué? Ahora lo de siempre: a esperar.