Hoy no escribo desde la tristeza que embarga mi alma, sino desde el calor bajo el cual me arropas. Hoy soy capaz de superar el miedo, la pena, la locura; todo por estar entre tus brazos. Hoy no soy ese ser débil y frágil, no. Hoy me invade la fuerza que me transmites, el bienestar que me creas, la pasión en que me enredas. Hoy, y solo hoy, sonrío cargada de gratos recuerdos.
Mi corazón late al ritmo de tu respiración, mi pulso se agita a la par que aumenta mi excitación. Somos dos cuerpos que se unen en uno, somos dos seres nacidos para estar juntos.
Me asomo a tus ojos. Veo reflejado mi rostro: una imagen distorsionada de una mal configurada faz. Ese brillo en tus pupilas. Un leve rubor en mis mejillas. ¿Qué viste en mí?, me pregunto. Tiemblo. ¿Y si algún día se ve curada tu ceguera? ¿Y si algún día me ves realmente tal cual soy? Pero tú acallas mis temores.
Caricias recorren mi cuerpo, mientras mi vello se estremece. Noto contra mi piel tus huesos, y pienso: ¿cómo puedes ser tan perfecto? Contemplo tu rostro: belleza. Aspiro tu perfume. Recorro con mis labios tu cuello, sin prisa, con ansia. Y de nuevo sonrío, con el pensamiento volando en torno a una única cuestión: ¿quién dominará esta vez?
